OBRAS

 

PASO DE LA ARENA

La arena no es la medida de todas las cosas, aunque sirve como metáfora para introducir dos versiones del infinito. Los minúsculos granos que se escurren entre las manos dan cuenta, si cabe, de lo infinitamente pequeño, mientras que su cantidad (suele decirse, inconmensurable) constituye una forma de sugerir lo infinitamente grande. No es la medida de todas las cosas pero, por sobre todas las cosas, mide el tiempo, transformando un paso espacial en un paso temporal. El tiempo allí acorralado no tarda en fundirse en un instante, invocando la idea griega de eternidad: tiempo que perdura siempre. Pero discurrir sobre lo que no transcurre nos lleva a la idea de nada. Una idea escurridiza también: para figurarla, los filósofos imaginaron una cuchilla -acaso una daga- sin hoja, a la que le falta el mango. Escribir en la arena puede ser peligroso. Llevó a la muerte a Arquímedes, asesinado justamente por una daga brutal: la de un soldado romano, que lo atravesó mientras contemplaba sus figuras geométricas trazadas en el suelo de Siracusa. Y también puede serlo asomarse al borde -al filo- de lo irracional. Cuenta la leyenda que Hipaso de Metaponto descubrió que la diagonal del cuadrado no es conmensurable con el lado y, horrorizados, otros cofrades de la hermandad pitagórica lo mataron. Trazado en la arena, el argumento (que podemos llamar Hipaso de la Arena) es simple: un triángulo rectángulo isósceles se pliega sobre uno de sus catetos para obtener un nuevo triángulo rectángulo, que resulta otra vez isósceles. La repetición minuciosa de este paso da lugar a una secuencia infinita: triángulos sucesivos que se desgranan pero sin desvanecerse, para revelar así el carácter inconmensurable de la hipotenusa.

Pablo Amster

Prólogo de Paso de la Arena

BIBLIOTECA DE BABEL

"...Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta. ..."

Jorge Luis Borges La biblioteca de Babel

Hemos concebido estas obras como páginas: cartas o comentarios entre los bibliotecarios de la conjeturada Biblioteca de Babel de Borges. Ideadas como documentos previos al Libro Blanco (2004), hemos invertido lúdicamente el curso del tiempo, haciendo preceder este libro a sus comentarios preliminares, a través del método conjetural o abductivo. Estas cartas establecen un contrapunto entre ellas a través de sus calados, pero, a su vez dialogan con El Libro Blanco, generando una red intertextual cíclica. Nos dimos cuenta así que no había un autor de cada diálogo, sino que el diálogo se expandía en todas direcciones, retroalimentándose, hablando por sí mismo, constituyendo nuevas piezas del universo de los lenguajes, siempre entrecruzados y de límites difusos.

En cifras y signaturas se propone una trama construída a partir del plano que se pliega sobre sí mismo, en un continuo desplazamiento del centro. Cualquier dirección es igualmente probable; el recorrido llena el espacio y lo vuelve incontinente, incapaz de tolerar la presencia objeto. Pero a la vez, en Cifras y Signaturas se trama un propósito, el de ocultar la verdad y confinarla a las páginas de un libro-sefer, que contiene la clave de todos los misterios. A diferencia de la esfera de Pascal, lo que se presenta aquí es una versión de la perplejidad: el enigma del vacío, cuya circunferencia está en todas partes y su centro en ninguna.

Pablo Amster

Prólogo de Cifras y signaturas

“¿Qué es traducir? La traducción ideal es utópica, pues exige la existencia de una traducción inversa, que permita recuperar el texto original. Pero, en el campo del lenguaje, la traducción opera en un sentido que no admite retorno. La idea es sencilla: tomemos todas las producciones del lenguaje y hagamos con ella una larga cadena, si se quiere infinita, de ceros y unos. Agreguemos ahora al comienzo un cero y una coma para formar una expresión cuyo valor es un número entre 0 y 1. En consecuencia, todos los textos escritos por todos los hombres en todas las lenguas, incluyendo los que se escribirán en el futuro, se resumen en un corte, una muesca en un trozo de madera. El secreto reside en encontrar el lugar preciso; de otro modo, la decodificación es imposible.”

Pablo Amster (del Prólogo a la exhibición “Traslaciones”)

“Como el número de formas es finito, la tarea esencial del creador de escritura es encontrar trazos no utilizados.” R. Barthes, Variaciones sobre la escritura “Traslación” aquí es una traducción deliberadamente incorrecta, trasladada, desplazada. Casi una literalidad de la voz inglesa “translation”, castellanizada, como si el término traslación no existiese de antemano en nuestra lengua, reemplazando con una falsa ingenuidad su sentido ya institucionalizado. Nuestras Traslaciones conforman una serie de traducciones de un texto original cuyo código no nos es accesible. Traducir es enfrentarse con Babel La voz “Babel” expresa, según Derrida, la inadecuación entre una lengua y otra, entre “el lenguaje consigo mismo y con el sentido”. Así, la torre de Babel es un mito sobre el inacabamiento, sobre “la imposibilidad de completar, de totalizar”, en fin, de traducir. La voz “Babel” se traduce por confusión; y lo es en un doble sentido: confusión de las lenguas, pero también de los arquitectos que se ven interrumpidos en su tarea de construir una torre que alcanzase la altura del cielo, y con él, como expresa el propio mito en la Torah, la posibilidad de autonombrarse, de crear su propio nombre, para así no ser dispersados por la diversidad de las lenguas. La estela conocida como piedra Rosetta (descubierta en la expedición de Bonaparte a Egipto, en el 1799) data del 196 a.C., año en que los sacerdotes que se congregaron en Menfis para celebrar el advenimiento de Tolomeo V Epifanio, que en ese momento tenía doce años, decidieron redactar en griego un decreto en su honor y realizar en piedra copias con la traducción del texto griego al demótico y a la escritura jeroglífica. Para Jorge Luis Borges “las palabras son experiencias compartidas”; la escrituras no descifradas o indescifrables son, en cambio, experiencias indeterminadas, se prestan al universo de las interpretaciones múltiples ante la ausencia del código por medio del cual se accede a la unilateralidad del sentido. “Somos nosotros, nuestra cultura, nuestra ley, quienes decidimos sobre el estatuto referente de una escritura” (R. Barthes) Champollion se enfrentó con este problema al traducir los oscuros textos de la piedra Rosetta. No disponía de la clave que conectaba un idioma, el griego, con los otros dos; entonces tuvo que arriesgar una hipótesis que se desprendía de la rigurosa investigación y el profundo conocimiento de la diversidad de lenguas que él poseía. En las tablillas de las Traslaciones se pone en marcha un proceso de traducción entendido como interpretación, en el sentido de que se inventa un sistema de escritura para traducir un sistema de escritura también inventado.

La arena no es la medida de todas las cosas, aunque sirve como metáfora para introducir dos versiones del infinito. Los minúsculos granos que se escurren entre las manos dan cuenta, si cabe, de lo infinitamente pequeño, mientras que su cantidad (suele decirse, inconmensurable) constituye una forma de sugerir lo infinitamente grande. No es la medida de todas las cosas pero, por sobre todas las cosas, mide el tiempo, transformando un paso espacial en un paso temporal. El tiempo allí acorralado no tarda en fundirse en un instante, invocando la idea griega de eternidad: tiempo que perdura siempre. Pero discurrir sobre lo que no transcurre nos lleva a la idea de nada. Una idea escurridiza también: para figurarla, los filósofos imaginaron una cuchilla -acaso una daga- sin hoja, a la que le falta el mango. Escribir en la arena puede ser peligroso. Llevó a la muerte a Arquímedes, asesinado justamente por una daga brutal: la de un soldado romano, que lo atravesó mientras contemplaba sus figuras geométricas trazadas en el suelo de Siracusa. Y también puede serlo asomarse al borde -al filo- de lo irracional. Cuenta la leyenda que Hipaso de Metaponto descubrió que la diagonal del cuadrado no es conmensurable con el lado y, horrorizados, otros cofrades de la hermandad pitagórica lo mataron. Trazado en la arena, el argumento (que podemos llamar Hipaso de la Arena) es simple: un triángulo rectángulo isósceles se pliega sobre uno de sus catetos para obtener un nuevo triángulo rectángulo, que resulta otra vez isósceles. La repetición minuciosa de este paso da lugar a una secuencia infinita: triángulos sucesivos que se desgranan pero sin desvanecerse, para revelar así el carácter inconmensurable de la hipotenusa. Pablo Amster Prólogo de Paso de la Arena

 

 

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